El SEÑOR restauró el bienestar de Job cuando éste oró por sus amigos; y el SEÑOR aumentó al doble todo lo que Job había poseído. Job 42:10
Parecería oportuno orar solamente por el consuelo y alivio ante el dolor extendido hoy por el mundo a consecuencia de la pandemia. Pero ante la realidad espiritual que hay detrás del escenario que hoy vivimos, me inclino más a llamar a la oración restauradora y a la exhortación al arrepentimiento, en su significado más bíblico, que es: volverse a Dios. En hebreo significa: hacer teshuvá. Creo firmemente que Dios está haciendo algo extraordinario a través del temor y la aflicción generalizada: quiere restaurarnos en medio del dolor, probar realmente la integridad de sus hijos y recordarnos que él es soberano y santo, como debe ser el cuerpo de Cristo.
Nada de lo que está ocurriendo es casual. Por demasiado tiempo hemos sido negligentes, descuidados e inconsistentes en nuestro caminar con nuestro creador y el mundo no creyente se alza en su pedestal de barro ante la irracionalidad de su desenfreno al no reconocer a su Hacedor. No hay sorpresas. Dios ha sido paciente y quiere un reencuentro. Hay aflicción y muerte, pero habrá restauración y vida. Es incoherente pedirle milagros a Dios cuando sabemos que el corazón se resiste a una verdadera humillación. No nos engañemos; Dios no responde a solicitudes de milagros cuando no hay contrición del corazón. El mundo no lo sabe, pero nosotros sí y por eso también hay que orar por el mundo.
Con certeza, a través de esta crisis global de confinamientos y pérdidas, Dios parece estar llevándonos a una nueva dimensión espiritual, a un escenario intimista donde podamos cederle nuevamente el espacio que el mundo ha tratado de usurparle…y orar, sobre todas las cosas, orar. La oración por los enfermos y los que sufren es un óleo de restauración personal y colectivo. Esta pandemia y nuestra acción de la mano de nuestro Señor, es también un recurso espiritual para restaurar el altar de oración que quizás hemos descuidado como cuerpo de Cristo: para buscar su rostro, volvernos a su Palabra, reflexionar piadosamente en los valores de la familia, los amigos y también en aquellos que no conocen a Dios y que necesitan de nuestras oraciones y del mensaje de salvación. A través de la crisis y del dolor, Dios nos está dando una nueva oportunidad de reencuentro. Mi oración es que al final de esta batalla, que es suya y no nuestra, Dios nos restaure con el doble de porción de su Espíritu y amor, y el mundo reconozca su fragilidad y necesidad del Dios altísimo y soberano.
Bendiciones desde Israel

No hay comentarios:
Publicar un comentario