miércoles, 15 de abril de 2020

RESTAURACIÓN EN MEDIO DEL DOLOR

Por Faustino de Jesús Zamora Vargas (Dios Habla Hoy)

El SEÑOR restauró el bienestar de Job cuando éste oró por sus amigos; y el SEÑOR aumentó al doble todo lo que Job había poseído. Job 42:10 
Parecería oportuno orar solamente por el consuelo y alivio ante el dolor extendido hoy por el mundo a consecuencia de la pandemia. Pero ante la realidad espiritual que hay detrás del escenario que hoy vivimos, me inclino más a llamar a la oración restauradora y a la exhortación al arrepentimiento, en su significado más bíblico, que es: volverse a Dios. En hebreo significa: hacer teshuvá. Creo firmemente que Dios está haciendo algo extraordinario a través del temor y la aflicción generalizada: quiere restaurarnos en medio del dolor, probar realmente la integridad de sus hijos y recordarnos que él es soberano y santo, como debe ser el cuerpo de Cristo.
Nada de lo que está ocurriendo es casual. Por demasiado tiempo hemos sido negligentes, descuidados e inconsistentes en nuestro caminar con nuestro creador y el mundo no creyente se alza en su pedestal de barro ante la irracionalidad de su desenfreno al no reconocer a su Hacedor. No hay sorpresas. Dios ha sido paciente y quiere un reencuentro. Hay aflicción y muerte, pero habrá restauración y vida. Es incoherente pedirle milagros a Dios cuando sabemos que el corazón se resiste a una verdadera humillación. No nos engañemos; Dios no responde a solicitudes de milagros cuando no hay contrición del corazón. El mundo no lo sabe, pero nosotros sí y por eso también hay que orar por el mundo.
Con certeza, a través de esta crisis global de confinamientos y pérdidas, Dios parece estar llevándonos a una nueva dimensión espiritual, a un escenario intimista donde podamos cederle nuevamente el espacio que el mundo ha tratado de usurparle…y orar, sobre todas las cosas, orar. La oración por los enfermos y los que sufren es un óleo de restauración personal y colectivo. Esta pandemia y nuestra acción de la mano de nuestro Señor, es también un recurso espiritual para restaurar el altar de oración que quizás hemos descuidado como cuerpo de Cristo: para buscar su rostro, volvernos a su Palabra, reflexionar piadosamente en los valores de la familia, los amigos y también en aquellos que no conocen a Dios y que necesitan de nuestras oraciones y del mensaje de salvación. A través de la crisis y del dolor, Dios nos está dando una nueva oportunidad de reencuentro. Mi oración es que al final de esta batalla, que es suya y no nuestra, Dios nos restaure con el doble de porción de su Espíritu y amor, y el mundo reconozca su fragilidad y necesidad del Dios altísimo y soberano.

Bendiciones desde Israel

martes, 7 de abril de 2020

PAZ EN MEDIO DE LA TORMENTA

Por Paulino


Los problemas son parte inevitable de la existencia y según la manera en como los tomemos pueden convertirse en un impulso para lograr metas o en un obstáculo que impida la realización de los mismos. Por lo general las personas  suelen tener una connotación negativa de los problemas y deciden vivirlos dramáticamente; esto no solo anula la capacidad del ser humano de vencer la adversidad sino que además lo vuelven preso  de otros males tales como la preocupación, el estrés, la tensión.


La preocupación es el enemigo número uno, no sólo por  los  efectos destructivos sobre el individuo, sino también por la manera en que golpea a la humanidad. El término proviene del griego merimnao, el mismo que resulta de una combinación de dos palabras: merizo que significa “dividir” y nous que significa “mente” (incluyendo las facultades de percibir, entender, sentir, juzgar, determinar). Preocuparse entonces, significa “dividir la mente”. La preocupación divide la mente entre intereses válidos y pensamientos destructivos. El apóstol Santiago en su epístola dice acerca de esto “el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos” (Santiago 1:8). En otras palabras aquel que tiene la mente dividida  es inestable en sus emociones, sus decisiones y sus juicios.  Las preocupaciones son tan dañinas que incluso pueden enfermar a quienes las sufren, debilitando su organismo, y transformando negativamente la realidad.

La preocupación está íntimamente asociada con el estrés; el mismo que se comprende como la respuesta del sistema nervioso a un acontecimiento o situación percibido como amenaza. Cada vez que la persona se enfrenta a tales circunstancias el organismo secreta hormonas (como la adrenalina) proporcionado al cuerpo la potencia física para enfrentarse al peligro o bien huir. El estrés puede ser agudo o crónico. El primero hace referencia a la activación breve de la respuesta “lucha o huída”,1 el segundo describe la activación persistente de dicha respuesta haciendo que el cuerpo se encuentre en permanente situación de alerta. Este último tipo de estrés es el que puede llegar a ser más pernicioso, ya que provoca agotamiento emocional y físico aumentando  la vulnerabilidad a diversas enfermedades físico-psicológicas.

Por su parte la tensión se usa para referirse a un estado anímico. Algunas evidencias de una sociedad tensionada son las úlceras, alta presión arterial, migrañas, algunos ataques cardíacos y hasta el cáncer.

¿Son siempre dañinas estas respuestas emocionales del ser humano?

Como mencione al principio de este artículo todo depende de la manera en que enfrentemos las situaciones. Un poco de estrés puede ayudarle a mantenerse atento, listo para hacerle frente a cualquier reto. Lo mismo sucede con la tensión en nuestra vida, parte de ella es benéfica. El Dr. John Morley, profesor de geriatría cree que una cierta dosis de tensión puede reducir el crecimiento de tumores, mientras pueda ser controlada. Dice Morley: “Si logra dominar adecuadamente la tensión, puede serle benéfica, pero si no puede controlarla, probablemente le afectará”.
Mientras que alguna tensión es innecesaria, otra es inevitable, como la que proviene del trabajo, la familia o las pequeñas irritaciones de cada día. ¿Cómo  maneja usted los problemas de la vida? El principal objetivo de este artículo es mostrarle a través de la palabra divina como podemos vivir en paz  en medio de los problemas.

La preocupación no vacía el mañana de problemas. Vacía el hoy de su fuerza. De hecho la tensión es parte del precio que tenemos que pagar por vivir en este mundo. Sin embargo hay que observar bien ya que los grandes problemas, disfrazan grandes oportunidades. Considere las palabras de Jesús: 

Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33); “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana. (Mateo 28-30).

El  Señor no dice que podemos vivir sin problemas, sino que él ofrece un camino para vivir a pesar de ellos. La paz no es una actividad, sino una actitud.

¿Cómo puede desarrollar esta actitud de paz y relajamiento?

1.- Vea los problemas con los cristales con los que los mira Dios
El estrés resulta luego que respondemos a los problemas con cierto pánico. Sin embargo una actitud de relajación responde a los problemas con emoción. El apóstol Santiago dice: que nuestra primer respuesta a la tensión debería ser de gozo: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2). Pero ¿cómo podemos hacer esto? “Sabiendo que la  prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:3). En otras palabras los problemas son oportunidades para crecer. La raíz griega de problema es “hacer avanzar”. Los problemas nos hacen avanzar en nuestro crecimiento espiritual.

2.- Viva en tiempo presente
Recordar los errores del pasado o pensar en los problemas del futuro son ocasión para vivir bajo estrés, estorbando la alegría  del momento presente. En el Antiguo Testamento el nombre santo de Dios se traduce como “Yo soy”, esto significa que él es el auto existente, aquel que no  se quedó en el pasado, ni espera encontrarte en el futuro, está aquí y ahora en tu presente. El poema de Helen Mallicoat nos recuerda la importancia que tiene esa verdad para nuestra vida: “Me encontraba lamentando el pasado y temiendo el futuro. De pronto, mi Dios habló diciendo: YO SOY. Se detuvo, esperó, y continuó: Es muy difícil cuando vives en el  pasado con sus errores y lamentos. Yo no estoy ahí porque mi nombre no es: YO ERA. Es muy difícil cuando vives en el futuro con sus problemas y temores. Yo no estoy ahí porque mi nombre no es: YO SERÉ. Cuando vives este momento no es difícil. Yo estoy ahí. Porque mi nombre es YO SOY.

3.- Descanse un día a la semana
Uno de los primeros mandamientos que Dios dio fue el de tener un día de descanso. “Seis días trabajarás, y harás toda tu obra;  mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios… Jehová bendijo el día de reposo  y lo santificó. (Éxodo 20:9-11). El hombre no fue hecho para trabajar siete días a la semana. Ese horario es poco realista y con toda seguridad producirá presiones y hasta un colapso nervioso. El padre celestial estableció un patrón para la forma en que debemos trabajar. Necesitamos un día de descanso para reponer nuestros recursos físicos, emocionales y espirituales.

4. Todos los días haga algo que le agrada hacer.
Todos necesitamos esperar algo. En su libro cuidado con el hombre desnudo que te ofrece su camisa. Harvey Mackay pregunta: “¿Cómo vence el desánimo cuando tiene que hacer algo que detesta, pero que de todos modos tiene que hacer? De manera personal cuando tengo que hacer algo que me desagrada, siempre pienso que más tarde haré algo que me fascina. Tenga la seguridad que con saber que va a pasar unos minutos haciendo algo que le gusta, como su pasatiempo favorito, practicando algún deporte, leyendo, o viendo un programa por televisión, puede ayudarle a soportar las tensiones del día.

5. Pase  tiempo a solas con Dios cada día.
Se ha puesto  a pensar que según la manera en que empezó o termino su día afecta su nivel de tensión. El último consejo tiene que ver con la relación personal con Dios. Es imposible manejar efectivamente la presión sin pasar tiempo con aquel que nos ofrece la solución a ella.
Estoy seguro de que el secreto de Cristo cuando dijo: “Yo he vencido al mundo”, radicaba en el tiempo que pasaba con Dios. El no permitía que sus múltiples responsabilidades impidieran esos momentos.  El apóstol Marcos menciona que Jesús se levantaba muy de mañana, para ir al desierto a orar (Marcos 1:35). Al analizar el contexto vemos que el maestro se encuentra en medio de uno de los días más ocupados de todo el ministerio de Cristo. Sin embargo, el Señor empezaba el día sobre sus rodillas. Para él, pasar tiempo con su Padre no era una obligación religiosa, sino el secreto de su fuerza y la fuente de su tranquilidad.

Bendiciones

1 Walter Cannon (1871-1945) fisiológico estadounidense que en 1929 definió el estrés como un mecanismo de lucha o huida ante las amenazas.