viernes, 24 de agosto de 2012

La gran pregunta


¿POR QUÉ SE ENCARNÓ?


Había una vez un agricultor escéptico. Cierta noche fría de invierno el hombre escucho un golpeteo irregular contra la puerta. Fue hacia una ventana y vio como varios pequeños gorriones ateridos, atraídos por el evidente calor que había dentro de la casa, se golpeaban contra el vidrio de la puerta.
Conmovido, el agricultor se abrigó bien y cruzó el patio cubierto de nieve para abrir la puerta del granero para que los pobres pajaritos pudieran entrar. Prendió las luces y hecho algo de heno en un rincón. Pero los gorriones, que se habían dispersado en todas direcciones cuando él salió de la casa, se ocultaban en la oscuridad temerosos.
El hombre intentó varias cosas para hacerlos entrar en el granero. Hizo un caminito de migas de pan para guiarlos. Dio vuelta por detrás de donde estaban los pájaros para ver si los podía espantar en dirección al granero. Nada dio el resultado esperado. El, una enorme criatura extraña, los aterrorizaba; los pájaros no podían entender que él estaba tratando de ayudarles.
El hombre de campo se retiro a su casa y observó a los condenados gorriones a través de su ventana. Mientras los observaba, un pensamiento le llegó de repente: ¡Si tan solo pudiera convertirme en un pájaro, ser uno de ellos por el momento! Entonces no los asustaría. Les podría mostrar el rumbo hacia el calor y la seguridad. Y casi al mismo tiempo, otro pensamiento le golpeó con gran fuerza. Entendió la razón por la que Jesús había nacido.   
El corazón del plan de salvación estaba centrado en el oficio de un mediador, es decir uno que podía interceder entre un  Dios ofendido y el  hombre pecador. Sin embargo este debía poseer dos cualidades fundamentales. Uno, ser Dios para perdonar el pecado de la humanidad; y dos, ser hombre para poder identificarse con él.
Esta fue la principal razón por la Cristo se encarnó. “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Juan 1:14.
Jesús era diferente de cualquier otra persona que haya vivido. Pero compartía las mismas necesidades como las de comer y contar con amigos. Experimento la soledad y el cansancio. Se enojó, y algunas veces se sintió defraudado. Sin embargo en su condición de hombre nos enseño a vencer las tentaciones;  a no responder al odio con el odio; nos enseñó a tener fe, amar al prójimo; a depender del Espíritu Santo. Pero sobre todo  nos enseño que el Todopoderoso había decidido acercarse a nosotros a través de él.
Él era el Mesías,  aquel sustituto que cargaría enteramente con la condena por nuestros crímenes. Voluntariamente pagó lo que merecidamente debimos haber pagado nosotros. Este acto inicial de gracia por parte de Cristo, nos asegura el perdón de los pecados y abre la puerta hacia la vida eterna. Se hizo uno de nosotros para salvarnos, se encarnó para poder morir. Ahora entiendo porqué nació.

lunes, 6 de agosto de 2012

Así dice el dicho


UN BIEN CON UN BIEN NUNCA SE PAGAN

Cierta ocasión un hombre intentaba pasar un río cuyo cause había crecido, hallábase en este predicamento cuando  acertó  a  pasar por allí un cocodrilo cuya astucia era muy conocida.
-¿Qué puedo hacer por ti?- le pregunto el cocodrilo, -yo soy aquel animal que salvaste de los cazadores el otro día.
-Necesito pasar de un lado al otro del río- contestó el hombre.
-Si quieres, yo te puedo llevar a la otra orilla-dijo el cocodrilo
-¡Claro! exclamó el hombre- Luego de unos minutos el viajero se percató de que el animal no se dirigía hacia la orilla. -¿Donde me llevas? -¿porqué me haces esto?- preguntó el hombre.
-Calla iluso, no ves que eres mi cena- respondió el cocodrilo -además debes saber que un bien con un bien nunca se pagan- A la distancia estaba un zorro, al cual interrogó -¿señor zorro no es verdad que un bien con un bien nunca se pagan-?
-No le escucho señor cocodrilo- le contestó el zorro mientras se metía en su cueva -¿puede hacerse un poco más a la orilla para oírle mejor? Una vez que el cocodrilo estuvo cerca de la ribera el zorro exclamó -salta buen hombre. Él, agradecido preguntole al zorro que podía darle -mi deseo es muy simple, sólo tráeme un par de gallinas gordas - respondió el animal. Poco después el hombre regreso con un saco en la mano -disculpe señor zorro no traje lo que me pidió- dijo el hombre; sin embargo aquí están estos perros que fue lo único que encontré- Los perros se echaron sobre el zorro y lo mataron.
Moraleja: un bien con un bien nunca se pagan.
La interpretación que los Judíos hacían de la Ley  respecto al trato con sus semejantes era que siempre debía pagarse con la misma moneda, (ojo por ojo) es decir devolver bien por bien o mal por mal. Más tarde Jesús advierte que la práctica de esta costumbre no solo era característica del hombre sin Dios, sino que carecía de méritos: “Pero yo les digo a ustedes que me oyen: Si aman a quienes los aman, ¿Qué mérito tienen? Hasta los ‘pecadores’ aman a quienes los aman a ellos... Más bien, amen a sus enemigos, háganles bien... Así será grande su recompensa y ustedes serán hijos del altísimo...” Lucas 6:27, 32, 35 NVI.
El maestro nos enseña que dar amor por odio, bien por mal a quienes nos aborrecen, nos asegura gran recompensa, ser hijos del Dios altísimo, característica esencial del verdadero cristiano.