Por Paulino
La
noche transcurría con tranquilidad, cuando de repente el olor a humo y las
llamas alertaron a Michael, el granero de su casa se estaba quemando. Tiempo
después en medio de escombros y cenizas su segunda esposa Marty no imaginaba
como saldrían de aquella calamidad.
-Todo está bien- decía Michael.
Ya está
resuelto. Solo ora a Dios para obtener respuestas.
Ella con tono desalentado
respondió: ¿Por qué crees que atenderá tus oraciones?
-Siempre lo hace- dijo Michael.
-¿En verdad? ¿Tú le
pediste esto? ¿Pediste que te quitara a Ellen? ¿Pediste que Missie creciera sin
conocer a su madre? No entiendo por qué el dios al que oras… deja que le pase
estas cosas impensables a gente decente.
-Ven conmigo- dijo Michael llevándola
a lugar donde el acostumbraba a meditar.
-Sabes Marty, Missie puede caer y
lastimarse aunque yo esté caminando junto a ella. Eso no significa que yo
permití que pasara; pero ella sabe que, con el amor incondicional de un padre
la levantaré y la cargaré e intentaré curarla. Lloraré cuando ella llore. Y me
regocijaré cuando ella esté bien. En todo momento de mi vida… Dios ha estado
junto a mí. La verdad del amor de Dios… no es que permita que pasen cosas
malas. Es su promesa de que estará con nosotros cuando pasen.
Quizás alguna vez te has preguntado lo
mismo pero déjame decirte que aunque no podemos evitar ser afectados por los
problemas, la enfermedad, o la tristeza; debemos estar seguros de que a nuestro
lado va aquel que es más grande que cualquier adversidad, el Señor todo
poderoso, quien nos sustentará.
Porque
esa es la Verdad del Amor de Dios
Encomienda en sus manos
tu camino (Salmo 37:5), sabiendo que todas las cosas ayudan a bien (Ro. 8:28);
y en él somos más que vencedores (Ro 8:37).
Bendiciones
No hay comentarios:
Publicar un comentario