UN BIEN CON UN
BIEN NUNCA SE PAGAN
Cierta ocasión un hombre intentaba pasar un río cuyo
cause había crecido, hallábase en este predicamento cuando acertó
a pasar por allí un cocodrilo
cuya astucia era muy conocida.
-¿Qué puedo hacer por ti?- le pregunto el cocodrilo,
-yo soy aquel animal que salvaste de los cazadores el otro día.
-Necesito pasar de un lado al otro del río- contestó
el hombre.
-Si quieres, yo te puedo llevar a la otra orilla-dijo
el cocodrilo
-¡Claro! exclamó el hombre- Luego de unos minutos el
viajero se percató de que el animal no se dirigía hacia la orilla. -¿Donde me
llevas? -¿porqué me haces esto?- preguntó el hombre.
-Calla iluso, no ves que eres mi cena- respondió el
cocodrilo -además debes saber que un bien con un bien nunca se pagan- A la
distancia estaba un zorro, al cual interrogó -¿señor zorro no es verdad que un
bien con un bien nunca se pagan-?
-No le escucho señor cocodrilo- le contestó el zorro
mientras se metía en su cueva -¿puede hacerse un poco más a la orilla para oírle
mejor? Una vez que el cocodrilo estuvo cerca de la ribera el zorro exclamó
-salta buen hombre. Él, agradecido preguntole al zorro que podía darle -mi
deseo es muy simple, sólo tráeme un par de gallinas gordas - respondió el
animal. Poco después el hombre regreso con un saco en la mano -disculpe señor
zorro no traje lo que me pidió- dijo el hombre; sin embargo aquí están estos
perros que fue lo único que encontré- Los perros se echaron sobre el zorro y lo
mataron.
Moraleja: un bien con un bien nunca se pagan.
La interpretación que los Judíos hacían de la Ley respecto al trato con sus semejantes era que
siempre debía pagarse con la misma moneda, (ojo por ojo) es decir devolver bien
por bien o mal por mal. Más tarde Jesús advierte que la práctica de esta
costumbre no solo era característica del hombre sin Dios, sino que carecía de
méritos: “Pero yo les digo a ustedes que me oyen: Si aman a quienes los aman,
¿Qué mérito tienen? Hasta los ‘pecadores’ aman a quienes los aman a ellos...
Más bien, amen a sus enemigos, háganles bien... Así será grande su recompensa y
ustedes serán hijos del altísimo...” Lucas 6:27, 32, 35 NVI.
El maestro nos enseña que dar amor por odio, bien por
mal a quienes nos aborrecen, nos asegura gran recompensa, ser hijos del Dios
altísimo, característica esencial del verdadero cristiano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario