lunes, 6 de agosto de 2012

Así dice el dicho


UN BIEN CON UN BIEN NUNCA SE PAGAN

Cierta ocasión un hombre intentaba pasar un río cuyo cause había crecido, hallábase en este predicamento cuando  acertó  a  pasar por allí un cocodrilo cuya astucia era muy conocida.
-¿Qué puedo hacer por ti?- le pregunto el cocodrilo, -yo soy aquel animal que salvaste de los cazadores el otro día.
-Necesito pasar de un lado al otro del río- contestó el hombre.
-Si quieres, yo te puedo llevar a la otra orilla-dijo el cocodrilo
-¡Claro! exclamó el hombre- Luego de unos minutos el viajero se percató de que el animal no se dirigía hacia la orilla. -¿Donde me llevas? -¿porqué me haces esto?- preguntó el hombre.
-Calla iluso, no ves que eres mi cena- respondió el cocodrilo -además debes saber que un bien con un bien nunca se pagan- A la distancia estaba un zorro, al cual interrogó -¿señor zorro no es verdad que un bien con un bien nunca se pagan-?
-No le escucho señor cocodrilo- le contestó el zorro mientras se metía en su cueva -¿puede hacerse un poco más a la orilla para oírle mejor? Una vez que el cocodrilo estuvo cerca de la ribera el zorro exclamó -salta buen hombre. Él, agradecido preguntole al zorro que podía darle -mi deseo es muy simple, sólo tráeme un par de gallinas gordas - respondió el animal. Poco después el hombre regreso con un saco en la mano -disculpe señor zorro no traje lo que me pidió- dijo el hombre; sin embargo aquí están estos perros que fue lo único que encontré- Los perros se echaron sobre el zorro y lo mataron.
Moraleja: un bien con un bien nunca se pagan.
La interpretación que los Judíos hacían de la Ley  respecto al trato con sus semejantes era que siempre debía pagarse con la misma moneda, (ojo por ojo) es decir devolver bien por bien o mal por mal. Más tarde Jesús advierte que la práctica de esta costumbre no solo era característica del hombre sin Dios, sino que carecía de méritos: “Pero yo les digo a ustedes que me oyen: Si aman a quienes los aman, ¿Qué mérito tienen? Hasta los ‘pecadores’ aman a quienes los aman a ellos... Más bien, amen a sus enemigos, háganles bien... Así será grande su recompensa y ustedes serán hijos del altísimo...” Lucas 6:27, 32, 35 NVI.
El maestro nos enseña que dar amor por odio, bien por mal a quienes nos aborrecen, nos asegura gran recompensa, ser hijos del Dios altísimo, característica esencial del verdadero cristiano.

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